60 minutes | Sep 22nd 2020

ARGENTINA y su complejidad política

El proceso electoral (elecciones de medio término del 2021) ya comenzó. Tal como ya se ha advertido en múltiples ocasiones, el presidente no tenía mucho tiempo. Quizá, también, todo corre más de deprisa como una forma de deshacerse de la pandemia o al menos de colocar la política sanitaria como parte del decorado del teatro político.

Desde hace unos meses la oposición no da tregua, busca organizarse tras un liderazgo al tiempo que encauzar (representativamente) las crecientes demandas de una sociedad exhausta, malhumorada, agotada y desmoralizada. Como se suele decir la mala fortuna cuando aparece hace montón.

El presidente Fernández lleva 9 meses en el poder, 6 de ellos gestionando la pandemia y 180 días capeando de formas alternativas la política de “aislamiento social preventivo y obligatorio”, sacando y poniendo en el discurso el término “cuarentena” según convenga, conforme se pueda.

El único logro contundente ha sido, que no es poco, la refinanciación de la deuda soberana con los acreedores privados, falta ahora renegociar la deuda que mantiene el Estado argentino con el FMI. Un logro que se escurrió como agua entre los dedos. La fortuna o la impericia política no permitieron que el gobierno sacara provecho de su éxito. El resto son manojos de malas noticias, cuentas en rojo y alarmas en el tablero de la gestión gubernamental.

El gobierno ha desplegado energía, pero pocos resultados. La actividad política y los recursos estatales caen en un barril sin fondo. La realidad los devora. Ésta es una hidra de múltiples cabezas, por cada una que intenta se topa con su multiplicación. El gobierno no parece advertir que la energía gubernamental al igual que el capital que la sustenta son recursos finitos.

El Gobierno es ambiguo con los DD.HH. en Venezuela, al tiempo que quiere controlar el BID. Hace un guiño a las inversiones chinas, pero no puede neutralizar a las organizaciones ambientalistas que se oponen. Amaga con estatizar medios de producción, pero retrocede. Anuncia un plan integral de seguridad para el Cono Urbano bonaerense, pero se le amotina (parte) de la policía. Envía un proyecto para reformar la justicia, que es considerado por parte del Ejecutivo como una no-reforma.

El Gobierno imprimío una montaña de dinero (y lo seguirá haciendo), lo transfirió a una buena parte de la población (no sin sortear una enorme complejidad institucional y organizativa), pero aun así no logra retener el control sobre la agenda pública. El ciudadano promedio que mantiene su trabajo está preocupado no sólo por seguir conservando su ingreso sino también por la evolución de las variables macroeconómicas. Ya mira con atención como aquellas están convergiendo al nivel de sus vicisitudes microeconómicas. Los controles de precios, las tarifas, la inflación, los más de 10 precios que tiene el dólar estadounidense, los altos impuestos, son un cóctel del cual emana un hedor que no pasa desapercibido para un olfato atento como el que ha tenido que desarrollar la clase media para sortear una serie de eventos desafortunados en las últimas décadas.

En #ERIZOpodcast queremos retratar, desde múltiples lugares, la decisión gubernamental de enfrentar la pandemia con estrategias propias de un “país rico”, sabiendo que estábamos quebrados. Nos interesa explorar qué consecuencias puede tener ese asunto para la democracia argentina en el corto y mediano plazo. ¿Qué agenda se abre para la democracia argentina? ¿Qué transformaciones están en curso? Con algo de fortuna lleguemos, incluso, a la pregunta central que todos se hacen: ¿cómo amortiguarán las instituciones democráticas los potenciales conflictos que se vislumbran?


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