8 minutes | Apr 26th 2020

# 94 Organizar un retiro zen en casa

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El maestro Soen-sa ya había comprendido los sutras. Se dio cuenta de que lo único importante ahora era practicar. Así que, diez días después de su ordenación, se adentró más en las montañas y empezó un retiro de cien días en la Montaña Won Gak (la Montaña de la Perfecta Iluminación). Solamente comía hojas de pino secas y pulverizadas. Durante veinte horas al día cantaba el Gran Dharani de la Energía Original de la Mente. Varias veces al día tomaba baños de agua helada. Era una práctica muy rigurosa. Pronto fue asaltado por las dudas. ¿Por qué era ese retiro necesario? ¿Por qué tomar medidas extremas? ¿No podría bajar a un pequeño templo en un valle tranquilo, casarse como un monje japonés y alcanzar la iluminación gradualmente en el seno de una familia feliz? Una noche estos pensamientos se volvieron tan fuertes que decidió marcharse y empaquetó sus pertenencias. Pero la mañana siguiente su mente estaba más clara y las desempaquetó. Unos días más tarde volvió a ocurrir lo mismo. Y durante las semanas siguientes empaquetó y desempaquetó nueve veces. Habían pasado cincuenta días y el cuerpo de Soen-sa se encontraba muy exhausto. Cada noche tenía visiones terroríficas. Aparecían demonios de la oscuridad y le hacían gestos obscenos. Vampiros se arrastraban tras él y rodeaban su cuello con sus fríos dedos. Enormes escarabajos roían sus piernas. Tigres y dragones permanecían frente a él rugiendo. Se encontraba sumido en un terror constante. Esta situación continuó durante un mes, luego las visiones se transformaron en visiones de gozo. A veces Buda venía y le enseñaba un sutra. En ocasiones aparecían Bodhisattvas con trajes preciosos y le decía que iría al cielo. Otras veces caía exhausto y Kwan Se Um Bosal le despertaba gentilmente. Al cabo de ochenta días su cuerpo estaba fuerte. Su piel se había vuelto verde por las agujas de pino. Un día, una semana antes de que su retiro terminara, Soen-sa estaba caminando fuera, cantando y manteniendo el ritmo con su moktak. Repentinamente dos muchachos, de once o doce años, aparecieron a cada uno de sus lados e hizieron una reverencia. Iban vestidos con hábitos de muchos colores y sus caras eran de una belleza no terrenal. Soen-sa estaba muy sorprendido. Su mente se encontraba fuerte y perfectamente clara, ¿cómo podían haberse materializado esos demonios? Siguió avanzando por el estrecho sendero de montaña y los dos muchachos le siguieron, caminando directamente a través de las rocas a cada lado del sendero. Caminaron juntos en silencio durante media hora, entonces, de vuelta al altar, cuando Soen-sa se alzó de su reverencia habían desaparecido. Esto ocurrió cada día durante una semana. Finalmente llegó el día número cien. Soen-sa estaba fuera cantando y golpeando el moktak. De pronto su cuerpo desapareció, y se encontró en es espacio infinito. Desde muy lejos podía escuchar los golpes del moktak y el sonido de su propia voz. Permaneció en este estado durante algún tiempo. Cuando retornó a su cuerpo entendió. Las rocas, elío, todo lo que podía ver, todo lo que podía oír, todo eso era su verdadero ser. Todas las cosas son exactamente como son. La verdad es simplemente así. Fuente: http://www.centrozenpalma.org/maestros/maestro-zen-seung-sahn/
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